El Feroz Dinosaurio y los Científicos Invisibles

En la cobertura de medios de habla inglesa de un dinosaurio nuevo, los nombres de los investigadores latinoamericanos fueron curiosamente omitidos.

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El siguiente artículo está publicado tanto en Inglés como en español. Se puede encontrar el versión en inglés aquí.

La Argentina tiene cinco embajadores no oficiales, figuras por las que el país es reconocido en todo el mundo: dos estrellas deportivas, Lionel Messi y Diego Maradona; un gigante literario, el escritor Jorge Luis Borges; un político internacional, el papa Francisco; y los dinosaurios.

El nuevo dinosaurio tenía pequeños brazos similares a los de los tiranosaurios,

Visual: Jorge González and Pablo Lara

A lo largo de su extenso territorio, desde el norte en Jujuy al extremo del continente en la Tierra del Fuego, se han encontrado toda clase de fósiles, restos de los antiguos reyes de la Tierra, los animales más grandes que han caminado sobre el planeta.

Aquí, los dinosaurios son tanto una industria — representan el motor del llamado turismo paleontológico— como una cuestión del Estado. Así es como los constantes anuncios de nuevos descubrimientos científicos constituyen en cada oportunidad una nueva ocasión de celebración nacional. Es, por ejemplo, lo que ocurrió este mes cuando, tras nueve años de investigación y vueltas burocráticas paleontólogos presentaron a Gualicho shinyae, un dinosaurio carnívoro que habitó al norte de la Patagonia hace 90 millones de años. “Nos sorprendió, no lo esperábamos”, comentó exultante Sebastián Apesteguía, un paleontólogo que ya lleva descubiertos restos animales prehistóricos tan diversos como el Buitreraptor gonzalezorum—primer rapaz o “raptor” completo del hemisferio del sur; Najash rionegrina, una serpiente con patas; y un pequeño mamífero conocido como Cronopio dentiacutus, entre muchos otros.

Como era de esperarse, la noticia del hallazgo en el que participaron también investigadores del Field Museum de Chicago y del Dinosaur Institute de Natural History Museum de Los Angeles County saltó las fronteras y se esparció a gran velocidad por el mundo. Con un pequeño detalle: en el camino, los nombres de los científicos argentinos como el de Apesteguía, el de la fundación y los organismos a los que pertenece (Fundación Azara y Conicet, columna vertebral de la ciencia argentina) desaparecieron.

The New York Times, BBC, New Scientist, Wired, The Guardian, Mic, Daily Mail, Science Daily, Popular Science, The Christian Science Monitor, la revista australiana Cosmos ni siquiera los mencionan. Para estos medios de habla inglesa, el descubrimiento fue exclusivamente estadounidense: además del dinosaurio y sus pequeños brazos similares a los de los tiranosaurios, el protagonista de la historia es el paleontólogo Peter Makovicky, del Museo de Historia Natural Field de Chicago, co-autor junto a Apesteguía del paper publicado en PLOS One.

Hubo excepciones como USA Today, LiveScience, CNTV de China y por supuesto los medios de habla hispana que cubrieron el hallazgo de este dinosaurio de manera equilibrada. Pero la llamativa omisión pone en evidencia un situación que se repite en el periodismo científico: un curioso sesgo informativo. Cada vez que científicos estadounidenses, británicos o canadienses comparten de par a par una investigación con científicos latinoamericanos, los periodistas científicos angloparlantes privilegian a los investigadores del primer mundo.

No se tratan de casos aislados. Es una operación sistemática en la que los investigadores latinoamericanos son corridos a un segundo plano. Sucedió en 2014 con el hallazgo del gigante Dreadnoughtus schrani. Y se vió otra vez esta semana cuando en PLOS One volvió a publicarse un paper sobre el hallazgo de otro dinosaurio carnívoro en Argentina, en este caso Murusraptor barrosaensis, realizado por el equipo del argentino Rodolfo Coria y el canadiense Philip Currie. El CBC News publicó: “Profesor de Edmonton descubre nuevo ‘megaraptor’ en Argentina”; Coria fue mencionado recién al final del artículo.

Este proceso de invisibilización va más allá de una cuestión lingüística. Se trata de darle prioridad a una fuente antes que a otra. La desaparición de estas voces contribuye a la reproducción de un situación más mediática que real: la ausencia de la ciencia latinoamericana en la escena informativa global. El resultado es más de lo mismo: una visión menos diversa y menos plural de la actividad heterogénea actividad científica en el siglo XXI.

Federico Kukso es periodista científico argentino. De 2015 a 2016, fue un fellow en el Knight Science Journalism Program at MIT. Es el autor del libro “Todo Lo Que Necesitas Saber Sobre Ciencia.”

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1 comment / Join the Discussion

    Interesante artículo que confirma “la suma de todas las sospechas” sobre por qué la ciencia y la tecnología argentina pareciera eternamente condenada a un “amateurismo crónico”, o a vivir chupando la sangre y el talento de los científicos sin propuestas sistemáticas y orgánicas de desarrollo a largo plazo.
    Por otra parte, y hablando de omisiones, te quedaste corto con la etiqueta de “político internacional” para el papa Francisco…
    Saludos!

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